El impulsor de WheelyFogg que cuenta con el apoyo de Fundación Navega transforma una travesía de más de 30.000 kilómetros en una acción solidaria que une sostenibilidad, educación y raíces personales ligadas a Puerto Sotogrande
Sotogrande, 11 de febrero de 2026.- Alfie Recarte Olaran es arquitecto de formación, viajero por convicción y vecino de Sotogrande desde la infancia. Creció entre el mar, la bicicleta y la vida comunitaria de Puerto Sotogrande, un entorno que, junto a la labor social y educativa impulsada hoy por Fundación Navega, marcó su manera de entender el esfuerzo, la sostenibilidad y la relación con el territorio. Tras desarrollar su trayectoria profesional fuera de España durante años, ha decidido emprender WheelyFogg, un viaje en bicicleta desde Tarifa hasta Japón que trasciende la aventura personal para convertirse en un proyecto solidario con impacto real. A través de esta iniciativa, Alfie busca dar visibilidad a la educación como herramienta de transformación social, canalizando apoyo a los programas de escolarización de la Fundación Vicente Ferrer y compartiendo cada etapa del camino como un relato colectivo que conecta personas, culturas y causas, con el respaldo de una comunidad —la de Sotogrande— que vuelve a acompañarle en este reto.
Puerto Sotogrande y Fundación Navega respaldan este proyecto en coherencia con su compromiso con la sostenibilidad, la educación y la acción social vinculada al mar. Ambas entidades ya trasladaron públicamente su apoyo a WheelyFogg, reconociendo el valor de una iniciativa que combina movilidad sostenible, esfuerzo personal y proyección internacional desde el entorno de Sotogrande, reforzando el vínculo entre territorio, comunidad y compromiso social.
¿Qué te llevó a transformar un viaje personal en un reto solidario como WheelyFogg?
Cruzar medio mundo en bicicleta, de Tarifa a Japón nace de la idea de conectar caminos, distancias y culturas, aparentemente inconexos. Como un viaje así inevitablemente capta la atención de mucha gente quería aprovechar para ‘conectar’ también a todos los que decidan acompañarme en el viaje a través de las redes sociales, y en el momento que dejo de ser un viajero en solidario, y llevo en las alforjas a una comunidad que viaja conmigo, nace la oportunidad de no sólo conocer otros mundos, sino de dejar un balance positivo en el camino. Me gustaría que cada kilómetro tuviera un propósito real.
Al conocer la situación de los niños y niñas en lugares de mi ruta, a través de la Fundación Vicente Ferrer, entendí que WheelyFogg podía ser el altavoz perfecto para transformar la aventura en una herramienta de cambio para los niños y niñas que más lo necesitan.
¿Por qué decidiste que la bicicleta fuera el eje del proyecto y el símbolo del mensaje que quieres transmitir?
Evidentemente, puedo llegar a Japón, en avión o en barco, incluso en coche. Pero, ¿se puede llegar andando, en bicicleta o a caballo? Antiguamente se podía, y es bonito el intentar recuperar esa idea de conexión con culturas lejanas, como aquellos navegantes que se aventuraban a cruzar la ruta de la seda.
La bicicleta es el vehículo de la humildad; te obliga estar en contacto directo con la tierra, con el clima, y la gente. Las distancias se disfrutan a la vez que se sufren. La bicicleta simboliza el progreso sostenible y el esfuerzo constante.
La bicicleta se percibe habitualmente como el mayor obstáculo para mi viaje, pero demostrar que las cosas se pueden hacer de otra manera, más sostenible y humana, aunque sea más difícil abre una gran puerta para hablar sobre el cambio, el progreso y un futuro más optimista.
¿Qué te motivó a apoyar a la Fundación Vicente Ferrer y, en concreto, sus programas de escolarización?
Me impresionó su capacidad para actuar donde otros no llegan, y los resultados que han demostrado en lugares como La India son de admirar. Decidí ponerme a disposición de La Fundación y que ellos orienten la campaña a donde sea más efectiva.
La Fundación Vicente Ferrer está apoyando en Nepal a siete escuelas para que menores en edad preescolar (de 3 a 6 años) y pertenecientes a familias que trabajan en este sector reciban nutrición, ropa y cuidados mientras sus padres trabajan como temporeros. Sin este apoyo, los niños con toda probabilidad acabarían trabajando con ellos.
Se trata de eliminar todas las trabas posibles para asegurar que los niños y niñas continúen su educación, y que no se les cierre la puerta a un futuro que ellos puedan controlar y decidir.
Tu historia está vinculada a Sotogrande. ¿Qué significa para ti el apoyo de Puerto Sotogrande y Fundación Navega?
Sotogrande es mi punto de partida, no solo en el viaje sino en la vida. Contar con el apoyo de Puerto Sotogrande y Fundación Navega es como tener el viento a favor. Representan la comunidad que me ha visto crecer y que comparte mis valores de respeto por el entorno y compromiso social. Sentir que mi casa empuja conmigo me da la fuerza necesaria para afrontar los miles de kilómetros y retos que tengo por delante.
¿Crees que haber crecido en un entorno marítimo y natural como Sotogrande ha influido en tu forma de entender la sostenibilidad y el esfuerzo?
Absolutamente. El mar te enseña disciplina y te da una perspectiva clara del respeto que hay que tener al planeta. Desde que te subes por primera vez en un Optimist, aprendes que navegar es imposible sin entender las mareas y los vientos. Para avanzar hay que respetar los tiempos de la naturaleza y que el esfuerzo no sirve de nada sin entender medir las condiciones del trayecto. Esa mentalidad es la que llevo a los pedales sobre todo estas últimas semanas que nos hemos enfrentado a un buen trajín de tormentas y borrascas.
Ya has pasado por el Campo de Gibraltar, Almería, Cabo de Gata, Murcia, Alicante, Valencia… ¿Cómo estás viviendo estas primeras semanas?
Con mucha emoción. Salir de mi tierra y recorrer lugares tan familiares como las provincias de Cádiz y Málaga, y especiales como el Cabo de Gata ha sido un regalo. Actualmente estoy en Valencia y, aunque el cansancio empieza a asomar, el recibimiento de la gente es increíble. Ver cómo la gente se interesa por la causa al verme pasar con la bici cargada me recuerda por qué estoy haciendo esto y me carga de fuerzas.
¿Qué papel juegan las redes sociales y el contacto con la gente en un reto tan largo?
Son mi ventana al mundo. La forma de invitar a quien quiera a que me acompañe en el viaje, y a la vez mi forma de mostrarle los problemas que me voy encontrando, así como los problemas por los que intento luchar en el reto. Es una forma de humanizar los datos: que no vean solo estadísticas, sino caras y nombres de niños que necesitan nuestra ayuda para dejar de cargar ladrillos y empezar a cargar libros.
Más allá de la recaudación económica, ¿qué mensaje social te gustaría que dejara este proyecto?
Me gustaría conectar lo aparentemente inconexo. Evidenciar que todos somos humanos y que somos más parecidos que distintos. Me gustaría poder desmontar los prejuicios y miedos que les surge a la gente cuando les hablo de mi viaje, haciéndoles ver la amabilidad, la hospitalidad y el cariño que voy recibiendo por el camino.
¿Qué te está enseñando este viaje a nivel personal y humano?
Me está enseñando paciencia, constancia y perseverancia. Me está enseñando que soy capaz de mucho más de lo que creo cuando me lo propongo. A nivel humano, me quedo con la generosidad desinteresada de los desconocidos. Este viaje me está confirmando que, a pesar de las dificultades, el mundo está lleno de gente buena dispuesta a echar una mano.
¿Te planteas futuros retos solidarios vinculados al mar o a la náutica cuando regreses?
Siempre tengo el mar en mente. Soy navegante, nadador, submarinista… Surfista frustrado… Tengo pendiente apuntarme a retos de Brazadas Solidarias, y cruzar el estrecho a nado es un sueño que tengo en mente desde hace tiempo… También me han apasionado los relatos de remeros cruzando el Atlántico… Aunque ahora mismo intento no soñar mucho más allá del reto que tengo entre manos, el mar me llama mucho así que no descarto organizar algún día algo sobre el agua, ¿Tal vez con Fundación Navega?.
¿Qué le dirías a alguien que está pensando en apoyar el proyecto pero aún no ha dado el paso?
Que no lo vean como una donación, sino como una inversión en el futuro de un niño. Con muy poco, podemos asegurar que un menor tenga acceso a la educación, la nutrición y al futuro que todos nos merecemos. Vuestro granito de arena cambia una vida, y ver como van sumando vuestras colaboraciones me da mucha fuerza para seguir pedaleando!
Mi reto es sumar más de 30.000km. ¿Cuántos euros podemos sumar entre todos?










